El placer culposo gastronómico: un viaje a la cocina de mi alma

En un mundo donde la comida de moda es saludable y natural, donde las ensaladas y los smoothies son reyes, yo me aventuro a compartir contigo mi pleasure culposo gastronómico. No, no se trata de un sándwich de chivito casero que me tiene a punto de explotar, ni tampoco de una porción de ice cream de chocolate que me hace perder la razón. Mi placer culposo gastronómico es algo más profundo, algo que me lleva de regreso a la infancia y a los meses de invierno con la abuela.

Mis primeras visitas a la cocina de mi abuela

Recuerdo las tardes de invierno en la casa de mi abuela, al calor de su cocina donde la llama del fuego crepitaba en la estufa, donde el aroma de pan recién horneado se mezclaba con el del aceite frito y el mundo exterior se reducía a un simple recuerdo lejano. Era allí donde ella me iniciaba en el Arte Culinario, donde con las manos, que parecían tener vida propia, elaboraba esas pequeñas golosinas que te hacían pedir más una y otra vez.

Las golosinas culpables

  • Churros rellenos de chocolate o crema para tomar fríos, durante el verano paseando por el parque.
  • Tortas fritas de manzana, con una textura crujiente y un sabor dulce, perfecta para poner en el bolsillo del abrigo y llevarla en la sombras.
  • Arrollitos de café y manteca, jugoso manjar con un toque de levadura y aromas de café recién tostado por la maquinita del café dentro del pequeño escritorio.

El placer culposo en la comida de hoy

Disfrutar del placer culposo en la comida de hoy, es llevar aún más a la pasión por la cocina. Cada bocado se convierte en una experiencia intensa, donde se unen sabores y texturas que me traen de vuelta a aquel abuelo y su apasionante cocina. Aquí es en donde la experiencia culposa se completa con la experimentación de cada una de las comidas nacidas del abuelo y de su cocina. La fusión de tradición, creatividad y pasión resulta en un mundo ideal culposo que nace de manos muy apasionadas.

Algunas dulces marroquíes golosas: lahmag

  • Sándwich de torta de hojaldre, frita y rellenado de mezcla de azúcar y canela, con mantequilla cubierta con nata mantequilla cuajada frita hasta formar un débil brillo exterior y sin tocar jamás el interior.
  • Amaou o polvorones de azúcar, con una textura ligera de entre aros cortos muy finos y rellenos de polvo muy aterciopelados recubiertos ligeramente con chocolate picante.

Conclusión

Nuestro placer culposo gastronómico abraza la mesa de cualquier cocina, la sombra de cada vez alguna mesa poblada. Allí, en la vida los recuerdos se acumulan y siempre miras más al norte aún. Porque, en cada uno de mis alimentos culposos, veo al abuelo: la pequeña chuchurra pegada a su mano, en alguna pequeña encimera. Cuntoa mucho del placer culposo del comer: siempre soy capaz de encontrar ese lazo de bondad existente entre lo clásico, lo sabio, lo limpio y la simpleza que hay en el comer.